CAMILLE ASHFORD
Con ambas manos sobre su pecho, alejé a Lucien, llena de furia.
—¿Eso quieres? ¡Bien! —respondí mientras me quitaba el uniforme, mostrando cada marca, cada moretón y cada inflamación, no solo producto del trabajo arduo, sino de su crueldad—. ¿Te gusta lo que ves, guapo? ¡Mira lo que has logrado en tan poco tiempo! ¡Todo tuyo! ¡Disfruta de tu muñeca rota todo lo que quieras y después déjame en paz!
Esta vez no fue tan fácil. Las lágrimas caían por mis mejillas y mis labios tembla