CAMILLE ASHFORD
—¡Es una perra sarcástica que merece un buen escarmiento! —exclamó Nadia al notar que, pese a la furia de Lucien por mis palabras, él no parecía querer hacer nada.
—Sí, supongo que merezco un escarmiento —contesté sin desviar mi mirada del turquesa de sus ojos—. ¿Lo harás? ¿Me lastimarás un poco más? Te recomiendo la cara o las piernas, mis brazos están molidos, tengo moretones en ellos con la forma de tus dedos.
»Hazlo… pégame, te doy el gusto, pero déjame te advierto algo: me