ANDY DAVIS
Esa noche, en el refugio de ese «chalet», nos dejamos llevar. Fue un momento solo nuestro, donde no existía el pasado ni el futuro, solo la calidez de nuestros cuerpos y el roce de nuestras pieles. Damián fue cuidadoso, como si temiera que me desvaneciera en cualquier momento, pero también fue apasionado, como si hubiera esperado demasiado por esto. Y, en cierta forma, yo también lo había hecho.
Con un silencio cargado de complicidad y electricidad, nos desnudamos mutuamente, descubr