ALEXEI MAKAROV
Margot no se había dignado a decirme si el auditor me había dado luz verde para entrar a la prisión, pero el tiempo seguía su curso y no iba a seguir esperando. Me puse una playera negra, escondiendo todas las heridas que estaban cicatrizando, pero no solo eso, también los besos que me habían curado. Los labios de Molly parecían tener un bálsamo mágico que me hacía sentir diferente, que me quitaba cualquier dolor y me daba oxígeno. Era como por fin sacar la cabeza después de pasa