LUCIEN BLACKWELL
Era más grande que Ángel, de cabello castaño y ojos claros como la miel. Parecía intimidado al ver tantos rubios a su alrededor, lo comprendía, a mí me pasó igual. El pequeño se inclinó hacia atrás, escondiendo su rostro en el cuello de Andy mientras sus manitas se aferraban a su ropa, como si tuviera miedo de que cualquiera de nosotros lo fuéramos a arrancar de los brazos de su protectora.
—Y… ¿él es? —preguntó Camille confundida, analizando al pequeño con interés.
—¡Nuestro