ROCÍO CRUZ
—Dime, Rocío, ¿eres virgen? —preguntó el ama de llaves cruzándose de brazos. Me sentí tan incómoda como cuando un día un policía me detuvo en la calle y me pidió mis papeles.
—Ah…pues…
—¡Responde! —ordenó pasando de esa actitud maternal a la de una generala.
—¡Sí! —exclamé encogiéndome. Quería esconderme debajo del agua y la espuma—. No es que… no haya tenido novios, ni que… yo quisiera permanecer así…
Comencé a excusarme porque sabía que, a mi edad, era extraño y no quería parece