CAMILLE ASHFORD
Mi estómago dolía, eché un último vistazo hacia atrás y cuando mis ojos se encontraron con los del chofer, levanté mi pulgar, asegurando mi éxito, pero él de nuevo solo desvió la mirada con fastidio. Algo me decía que se sentía avergonzado de tratar conmigo. ¡Nah! Imposible, soy adorable.
Abrí lentamente la puerta del despacho y comencé a pasear los ojos por el lugar, entre los libreros y el escritorio, sobre el cual dejé la charola con cosas mientras me movía lentamente.
—Dej