LUCIEN BLACKWELL
Por primera vez en muchos años mi sueño era profundo y reconfortante. Era como si la calidez del cuerpo de Camille y su aroma fueran suficientes para calmar cualquier dolor, cualquier miedo y toda mi ansiedad. Ella descansaba en mis brazos, o eso creí hasta que su ausencia me dejó un frío que me despertó. Abrí los ojos de golpe y quise levantarme apresurado, pero sus manos me detuvieron, ardiendo en mi pecho.
En la penumbra de la noche sus ojos resplandecían como si estuvieran