Aiden.
No podía dormir y por ello me levanté en completo silencio para ir a mi lugar privado. La pieza estaba en el centro de la habitación, con una manta blanca que retiré dejando a la vista la majestuosidad de tal hermosa creación.
Me senté frente a este y pasé los dedos por la teclas de marfil que pusieron a cosquillear mis manos. La quinta sinfonía de Beethoven vino a mi mente y cobró vida en cuestión de segundos. Me deleitaba con ese sonido que no solo calmaba mi ansiedad, sino me llevaba