Toda su frialdad, negación, temores y complejos, asimismo, las barreras que tanto esfuerzo la han costado en construir para protegerse él mismo, pero también para protegerla a ella, están siendo desvanecidas por un simple roce de labios.
Aquel contacto superficial, tembloroso e inseguro es como una chispa que podría encender todo un bosque.
«No debo...»
La lucha contra sus deseos dura muy poco porque, de un momento a otro, él la aprieta contra su cuerpo desde la espalda baja y convierte un roce