Alexa mira con atención la manera en que Riú prepara el caldo. Después de que él hornea la mitad del pescado, lo pica en trozos y se lo echa a la sopa, luego lo deja coserse por unos minutos más y apaga la estufa.
—Qué delicia... —balbucea ella cuando prueba el caldo—. Deberías ser chef, mi amoyeco.
—No se dice "amoyeco", eso le cambia el significado a la expresión —gruñe entre dientes.
—Qué pesado eres, yo solo quiero que suene masculino.
—Es una palabra general, ya deja de arruinarla.
—Qué ab