Los besos ansiosos y hambrientos se complementan con las caricias para nada castas en la piel blanca de su chica, quien gime feliz por las nuevas sensaciones que su cuerpo experimenta.
Es la primera vez que conoce aquel placer y, aunque le es un poco vergonzoso estar expuesta ante el pelirrojo, ella se entrega a él sin cohibiciones.
El vaivén de caderas se torna rápido e intenso, provocando que el chico tiemble entre las piernas que se enredan por encima de sus glúteos.
Su semilla la llena de m