Arel mira la puerta de la habitación que pertenece a Otsana con nerviosismo, al tiempo en que camina en círculos con expresión ansiosa.
Él se detiene cuando la puerta se abre, entonces mira a Lala expectante y con temor.
—¿Cómo está ella? —pregunta angustiado y al borde de la desesperación.
—Estable —responde la doctora sin añadir más.
Pese a la manera cortante de contestarle, es la primera vez que él ve conmoción en su mirada, lo que le da a entender que lo sucedido a su amiga ha sido grave.
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