A la mañana siguiente, Otsana se levanta temprano, se da un baño caliente y se pone un vestido fresco y cómodo.
Ella se cepilla el cabello y se lo recoge en una coleta alta, que le deja el rostro a la intemperie.
Los toques en la puerta la espantan, pero su semblante se relaja cuando descubre que se trata de Clarice.
—¿Necesitas ayuda con alguna cosa? —le pregunta su mucama mientras empieza a recoger la habitación.
—No, estoy bien, gracias —responde ruborizada, debido a que no está acostumbrada