Gabriela ya tenía una semana viviendo en la mansión con hermana y su cuñado, aunque todavía no se había acostumbrado como había planeado. Las cosas no estaban bien entre su hermana y su esposo. El señor Alexander vivía reclamándole constantemente por qué ya no lo cuidaba como debía ser y por dejarlo en manos de su hermana.
Gabriela se sentía desanimada al escuchar las discusiones, sobre todo al notar el malestar de su cuñado por su condición.
—Estoy harta de ti —decía Daniela, molesta—. Nunca