Gabriela estaba sorprendida por todo lo que su hermana había comprado. Se encontraban en penthouse, rodeadas de lujos, mientras Daniela la observaba a través del espejo. Gabriela soltó un suspiro pesado y se acercó lentamente.
—¿Cómo me veo?
Daniela sonrió con cierta satisfacción.
—Te pareces a mí; aunque tenemos pensamientos diferentes.
Gabriela bajó la mirada y respondió en un susurro.
—Y eso es verdad, somos iguales, pero también tan diferentes.
—No importa —interrumpió Daniela con firmeza—.