CAPÍTULO 8

Alexander caminaba con ayuda de su bastón por el jardín. No podía ver el paisaje frente a él, pero aun así se detenía, como si intentara contemplarlo de alguna forma. Lo único que le quedaba era sentir el aire, el momento y luchar contra el infierno de no poder ver ni la luz del día ni el brillo de la luna.

De pronto, percibió unos pasos. Luego, un aroma suave y reconocible. Su agudo sentido del olfato captaba con facilidad las fragancias de quienes lo rodeaban, incluso el olor natural de la pi
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