Capítulo 52. La verdad detrás de las mentiras de un apellido.
Derek.
El bar del hotel estaba tenue y elegante. Una lámpara de cristal pendía sobre la barra principal, y un pianista tocaba algo suave que se deslizaba por el ambiente como una confesión contenida.
Derek llegó puntual. Con la corbata aflojada, las mangas de la camisa arremangadas, y un nudo en el estómago más fuerte que cualquier whiskey.
Su padre ya estaba allí, como siempre, impecable. Traje gris oscuro, mirada severa, y ese aire de quien nunca se permite flaquear.
Excepto, quizá, esa noch