Él le acarició la espalda por encima de la blusa.
—Me arrullas —le dijo ella con la voz pastosa.
En respuesta, Alán comenzó a tararear una canción.
Lena se dejó envolver por la tranquilidad que emanaba. No tardó en cerrar los ojos y quedarse profundamente dormida en el sofá. La cabeza recostada en el hombro de Alán. La respiración lenta, profunda.
Él no se movió. Se limitó a observar embelesado.
«De verdad que estoy como un loco», pensó, al no querer apartar los ojos de ella.
Suspiró. No quería