A las diez y quince de la noche, Alán tocó el timbre del departamento de Lena.
En una bolsa de plástico llevaba comida y en el pecho un mal presentimiento. ¿Ella estaba enojada? Pero en la última llamada parecía que todo estaba bien.
La puerta se abrió y lo sacó de sus cavilaciones.
—Hola —lo saludó ella de la manera más casual que pudo.
—¿Hola? ¿Solo me dirás eso después de no responderme como diez llamadas y veinte mensajes?
—Estaba ocupada. Tuve mucho trabajo y fui de visita a casa de una am