Alán fue a verla en cuanto llegó a su casa. Lena lo había evadido sutilmente todas esas semanas. Mensajes cortos, respuestas tardías, excusas para no verse.
Así que recibir ese mensaje donde ella le pedía verlo significaba que algo grande había pasado.
Tocó el timbre. En menos de un minuto, la puerta se abrió.
Lena apareció en el marco. El cabello castaño le caía suelto sobre los hombros. Los ojos cansados.
En el instante en que tuvieron contacto visual, Alán se percató de la tristeza que,