Lena se aclaró la garganta. El paisaje era hermoso.
Sin embargo, en el fondo de su deseo de venganza se escondía un triste y ridículo corazón que todavía sangraba por el bastardo que le quería robar su dinero.
Su filosofía del "amor verdadero" se había roto en mil pedazos en cuanto su marido perfecto se quitó la máscara.
Dimitri le restregó en la cara lo tontas que eran sus ilusiones. Lo fácil que había sido jugar con su mente.
Aunque ella lo corrió de su vida, no pudo evitar que se le quedara