Después de la pequeña celebración, marcada por esa facilidad con la que el bebé cambiaba de brazos y sonreía a todos los presentes, la hora de volver a casa llegó.
Al regresar a la habitación, Lena se encontró de nuevo con la prueba de embarazo acomodada sobre el tocador; lo recomendable era utilizar la primera orina del día.
Exhaló con pesadez, abrumada por la duda.
Alán la sujetó con firmeza por los hombros y le dijo con voz pausada que no había por qué angustiarse.
—Incluso a él le va a gust