Humberto Montoya había comprado un enorme oso de peluche de pelaje café claro y bufanda azul. Ese día su nieto, el bebé de la casa, acababa de cumplir seis meses.
Alfonso, sentado en la comodidad de la sala, pasaba una a una las fotos que le envió Alán de su sobrino vestido como todo un vaquerito: camisita de manga corta, roja de cuadros, y ese overolcito azul marino.
“El más guapo”, respondió Alfonso mientras hacía zoom a cada imagen del pequeño.
“Parece un señor en miniatura. Un mini Humber