—¿Entonces el problema es que yo no te he dado nietos? —Alfonso alzó la voz, un gesto de arrebato que rara vez se permitía delante de su padre.
—No, no es solo eso —contestó Humberto con tono pausado—. ¿De verdad te enfada que haya elegido a tu hermano?
—No es eso —La vergüenza repentina logró que su atención se desviara directo hacia las puntas de sus zapatos—. Es una simple pregunta, nada más.
—Ya lo dije, me gusta la imagen que transmite tu hermano. Al fin logró sentar cabeza, dejó de beber