Dentro de la sala de juntas, el silencio se apoderó del espacio y todos pusieron atención al señor Humberto Montoya. A la hora de sugerirle que Paty saliera del lugar con el bebé para evitar distracciones, el hombre se negó de forma rotunda.
—También es un Montoya —decretó mientras se aclaraba la garganta con fuerza y daba inicio a los temas importantes.
Comenzó el discurso con tono pausado: agradeció a todos los que habían caminado a su lado a lo largo de esos años. Ver su sueño materializa