Elena intervino de inmediato para frenar la tensión.
Le hizo ver a su hijo con severidad que sus palabras estaban mal, no solo por el crimen que acababa de confesar con descaro, sino por declarar semejante tontería sobre los sentimientos de Lena, y peor aún, delante de su esposo.
—Además, es una total estupidez creer que yo todavía siento algo por ese hombre. No soy ninguna masoquista —aclaró Lena con firmeza, clavó los ojos fijos en su marido para disipar cualquier duda.
Alán recobró el ge