De regreso a casa ambos íbamos en silencio. Esta vez el conducía nunca lo había hecho frente a mí.
Su cara es tan seria que me aterra y al llegar a mi casa, me pide que no baje del coche. bajó él, se da la vuelta y me toma en sus brazos.
—Estoy bien , no tienes que preocuparte tango—
—Georgina... ahora no— su tono no fue duro, más bien había tristeza palpable.
Me depositó sobre la cama y se sentó a mi lado pasando la mano por su rostro, echando el cabello desordenado hacia atrás.
—Lo sien