Justo cuando voy terminando con mi delicioso segundo desayuno del día aparece Gianluca y la sonrisa que mostraba en su rostro desaparece con una velocidad alarmante.
—¿Qué te he dicho de bajar sola a comprar comida para nuestro renacuajo?
—¿De qué hablas? —inquiero fingiendo que no sé de qué me habla.
—Todo el pasillo huele a rosquilla de brownie, es obvio que bajaste tu sola —me reprocha entrecerrando los ojos.
—Soy perfectamente capaz de bajar por mi cuenta Gianluca.
—No me importa, aún r