Reyyan
Una vez que Gianluca regresa a su lugar, me acomodo en mi asiento para ponerme en contacto con el asistente de esa mujer. Tomo el teléfono y con mucha lentitud marco el número, al mismo tiempo que le doy un enorme sorbo a mi malteada.
Antes de que dé el primer timbrazo mi jefe sale de su oficina y sin perder su costumbre me lanza una mirada gélida, por lo que corto la llamada antes de que la otra persona responda.
—Regreso más tarde —estoy por preguntarle a donde va cuando se me adelan