Al siguiente día
Después de despedirme de Gianluca, me encamino a mi escritorio donde enciendo mi computador y comienzo a trabajar; cuando el ascensor me indica que mi jefe ha llegado levanto la mirada para encontrarme con un ser que no reconozco y no porque haya cambiado de atuendo, sino por qué su actitud es muy diferente. Algo que queda más que claro cuando me saluda con un «Buenos días» y no su gruñido habitual.
Se encierra en su oficina y durante toda la mañana no escucho sus gritos surca