—¿Su nombre debería sonarme de algún lugar? —inquiero con indiferencia.
—Es obvio que alguien de tu clase no podría siquiera imaginar el tener a alguien como yo frente a ti. ¡Quiero ver a Alexandros! —me ordena cruzándose de brazos y mirándome desde su altura.
Continúo sonriendo a pesar de sus insultos y niego con mi cabeza.
—Lo lamento, pero en este momento no puede atenderla, está ocupado… —No me deja terminar cuando se adelanta y abre la puerta de su oficina—. ¡No puede pasar! —Me levanto e