Al otro día, cuando mi asistente me muestra la horrorosa camisa que me escogió, según ella debido a que es un hermoso estampado cuento que no me trago, dado que la conozco demasiado para saber que lo hizo con todo el dolo del mundo por tener que acompañarme; me hace perder los estribos y la obligo a buscarme otra camisa.
—¿Por qué tienes esa cara tan agria? —me cuestiona Marcello cuando entra a mi oficina.
—¿Por qué más será? Mi asistente, siempre se trata de mi asistente —veo como Marcello cu