Capítulo 74.
Dante se estaba arreglando frente al inmenso espejo de la suite en París. Sus movimientos eran precisos y fríos mientras se ajustaba los gemelos de plata en los puños de su camisa a medida.
El suave roce de las sábanas de seda lo alertó. Charlotte despertó al oír los ruidos en la habitación. Se sentó en la cama, con el cabello rubio alborotado y el ceño fruncido al ver a su esposo vestido y listo para cruzar la puerta.
—¿A dónde vas? —preguntó ella, con la voz cargada de recelo y sueño.
—Tengo