Capítulo 50.
Dante prefirió quedarse a dormir en el hotel.
No tenía la fuerza mental necesaria para conducir de regreso a las montañas y enfrentar la mirada pura de Elena después de haberse exhibido como el novio perfecto al lado de Charlotte.
Al entrar a la suite presidencial, lo primero que hizo fue arrojar el saco del traje sobre un sillón de piel.
Miró la cama: estaba perfectamente hecha, con las sábanas de hilo estiradas y sin una sola arruga. En ese momento, la perfección le dio repugnancia.
Lo que él