Capítulo 43.
El salón de convenciones del hotel Baur au Lac en Zúrich estaba blindado por la elegancia y el poder. El aroma a café de especialidad y bollería fina flotaba en el aire, pero para Dante, todo sabía a ceniza.
Permaneció por varios segundos con la vista clavada en su plato, sin querer alzar la mirada.
No era por vergüenza, él no conocía ese sentimiento; era porque sentía la presencia de Karl Hoffmann, el padre de Charlotte, justo a sus espaldas, como una sombra que lo acechaba.
El silencio en la