Capítulo 42.

En el salón, el silencio que dejó Dante al llevarse a su tío al despacho era casi opresivo.

Sofía esperó a que los pasos de los hombres se perdieran por el pasillo antes de acercarse a Elena y hablarle al oído con esa sinceridad que la caracterizaba.

—La cara de Dante es un poema, Elena —susurró Sofía, mirando hacia la puerta—. Evidentemente su tío no es ninguna blanca paloma. Ese señor tiene toda la cara de ser un lobo con piel de cordero.

Elena suspiró, dejándose caer en el sofá. El ramo de f
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