Capítulo 31.
La villa de los Vontobel era una cachetada para cualquiera que supiera lo que cuesta ganarse la vida. Tenía hasta su propia cancha de golf privada, un césped tan perfecto que daba coraje pisarlo.
Allí, bajo un sol frío que no servía para nada, estaban Klaus y el tío Heinrich, lo más de relajados tomándose algo.
Dante llegó hecho un demonio. Sus hombros anchos parecían ocupar todo el pasillo y la rabia se le salía por los poros. Sin decir ni "hola", le tiró una revista de esas carísimas que solo