Capítulo 18.
Elena estaba hecha un lío sobre la cama inmensa. Las sábanas de mil hilos le parecían alambre de púas. Hacía dos días que no probaba bocado.
La puerta se abrió suavemente. Una de las mucamas entró con una bandeja de plata que despedía un aroma delicioso a caldo de pollo y pan recién horneado.
—Señora Elena... por favor —suplicó la joven, dejando la bandeja en la mesa de noche—. Tiene que comer algo. El patrón está de un humor terrible.
Elena ni siquiera se giró. Tenía la mirada perdida en el ja