Capítulo 139.

Elena no había podido moverse ni un solo centímetro. No tenía fuerzas para hacerlo.

Se quedó hecha un ovillo sobre el suelo, apoyando la espalda contra la fría pared de la oficina, llorando desconsolada.

Sentía el cuerpo completamente entumecido por el terror. El eco del disparo todavía le zumbaba en los oídos.

En el piso de madera, una mancha oscura de sangre comenzó a extenderse rápidamente.

—¡Gabriel! ¿Por qué te atravesaste, carajo? —espetó Liam, soltando el arma de golpe, como si el metal
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