Las tres de la mañana es una hora verdaderamente maldita cuando estás embarazada. Los fantasmas del pasado y las culpas peor guardadas parecen ponerse de acuerdo para visitarte justo en el preciso instante en que tu propio estómago decide que la cena de hace cinco horas ya no es de su completo agrado. Me levanté de la cama como pude en mitad de la penumbra, moviéndome con extremo cuidado para no despertar al pequeño Leo, y corrí despavorida hacia el baño del pasillo con la dudosa elegancia de u