Narrado por Zoe
La guardia con Ian se sentía como caminar descalza sobre vidrios rotos. Él no me la estaba poniendo fácil; cada instrucción venía acompañada de una mirada inquisitiva o una indirecta sobre lo rápido que "recompuse" mi vida en Londres. Yo me limitaba a responder con la precisión de un robot, pero el cansancio empezaba a pasarme factura.
—Dra. Harrington, si va a quedarse mirando ese monitor como si fuera una obra de arte abstracto, mejor tómese un café —soltó Ian mientras entrábam