El auto de Juan Diego se detuvo frente a la casa de los padres de Lenna cuando el sol comenzaba a caer, pintando el cielo de naranja y rosa. El viaje de regreso había sido en silencio. Lenna iba en el asiento del copiloto, con Diego en brazos, la mirada perdida en la carretera. Juan Diego manejaba con una mano, y con la otra le sostenía la mano a ella. No hacían falta palabras. El encuentro en la clínica había sido un golpe que ninguno de los dos esperaba, y ahora necesitaban tiempo para proces