El sol de la mañana entraba por los ventanales de la habitación cuando Lenna despertó. Sintió el calor de un brazo alrededor de su cintura y la respiración tranquila de Juan Diego contra su nuca. Sonrió. No abrió los ojos. Quiso quedarse un momento más en ese sueño del que no quería despertar.
Pero Diego lloró.
El llanto del bebé rompió la magia del momento, y Lenna se incorporó con un suspiro que era más risa que cansancio. Juan Diego también se despertó, parpadeando, confundido por un segundo