La mañana se había deslizado entre silencios y miradas esquivas. Lenna subió a la habitación de invitados después de desayunar con sus suegros. Cerró la puerta, se apoyó contra ella, y respiró hondo. Las palabras de la señora aún le resonaban en la cabeza. El café frío. La mirada de Thomas en la cocina. La noche anterior, sus manos recorriendo su piel.
—No —se dijo en voz alta—. No vas a pensar en eso.
Se metió a la ducha. El agua caliente le cayó en la nuca, en la espalda, en los hombros. Lavó