La luz de la mañana se filtró por las ventanas de la cocina cuando Lenna bajó las escaleras. No había dormido. O había dormido apenas, en ese estado de duermevela donde los sueños se mezclan con los recuerdos y uno no sabe si está despierto o sigue soñando. Su cuerpo aún recordaba las manos de Thomas sobre su piel, su boca en su cuello, el peso de él sobre ella. Pero su mente ya había levantado las barreras. Ya había vuelto a poner cada cosa en su lugar.
Se ató la bata más fuerte, se recogió el