La puerta de la habitación de invitados se abrió sin que llamaran.
La luz de la luna dibujaba la silueta de Thomas en el marco, con la camiseta oscura, el cabello desordenado, los ojos fijos en ella con una intensidad que le quemaba la piel.
—¿Qué haces? —preguntó ella.
Él no respondió. Entró. Cerró la puerta detrás de él.
—Voy a dormir con mi esposa —dijo, con la voz ronca, como si esas palabras le costaran más que cualquier otra.
Lenna se levantó de la cama. Se cruzó de brazos. El pijama de s