El hotel los recibió con una penumbra cálida que invitaba al descanso. La noche en París se había instalado afuera, con sus luces tenues y sus calles adoquinadas, pero adentro, en la habitación, algo diferente estaba por ocurrir. Lenna entró primero, con los pies cansados pero el corazón liviano. Juan Diego la siguió, cerrando la puerta detrás de él.
El espectáculo que Lenna encontró la dejó sin aliento.
Pétalos de rosas rojas cubrían el piso formando un camino que llevaba desde la entrada hast