El aeropuerto de Madrid estaba lleno de viajeros apurados, maletas que rodaban sobre el piso de mármol y voces que se mezclaban en un rumor constante. Lenna caminaba del brazo de Juan Diego, con el corazón latiéndole con una mezcla de emoción y nostalgia. Diego se había quedado en casa con sus padres, y aunque sabía que estaba en buenas manos, una parte de ella no podía evitar sentir un vacío en el pecho.
—¿Estás bien? —preguntó Juan Diego, apretándole la mano.
—Sí —dijo Lenna, con una sonrisa