El parque estaba en calma. El sol comenzaba a caer, pintando el cielo de tonos naranjas y violetas, y las sombras de los árboles se alargaban sobre el césped. Diego seguía explorando el mundo a su alrededor, dando pasos firmes, cayéndose, levantándose, riéndose. Lenna lo miraba con una sonrisa, pero su mente estaba en otra parte. En la conversación que había quedado pendiente. En el secreto que pesaba sobre sus hombros como una losa. En la mirada de Juan Diego, que la interpelaba sin palabras.